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Deficiencias nutricionales en el sobrepeso

La obesidad es resultado de una combinación de factores, como las pocas oportunidades de hacer ejercicio físico, la mayor oferta de alimentos hipercalóricos y la predisposición genética a la obesidad. Pero en última instancia la obesidad es consecuencia del consumo durante un largo periodo de tiempo de un número mayor de calorías de las que el organismo necesita.

La alimentación de la población en el mundo ha cambiado mucho en los últimos años; hoy en día se sabe que la ingesta de azúcar y carbohidratos es muy elevada, contrario a la de fibra, que es cada vez más baja. El consumo de azúcar añadido proviene, en su mayoría, de bebidas azucaradas como refrescos, jugos y bebidas endulzadas. Al mismo tiempo que se tiene una alimentación de exces de carbohidrato o calorias vacías, existe un riesgo de tener un consumo deficiente de vitaminas y minerales. Es decir, la población tiene un alto riesgo de obesidad, y de presentar deficiencia en micronutrientes.

Obesidad y deficiencias de vitaminas y minerales   

Durante muchos años, el estudio de las deficiencias de micronutrientes se concentró en las poblaciones desnutridas. Sin embargo, en la actualidad la desnutrición ha disminuido, la obesidad ha aumentado y las deficiencias de vitaminas y minerales persisten. Se ha observado que en algunos lugares del mundo la obesidad aumenta con mayor velocidad en poblaciones con deficiencias de micronutrientes, lo que lleva a pensar que estas deficiencias pueden estar contribuyendo al aumento en la acumulación de grasa de algunas poblaciones. O, por el contrario, que la misma obesidad podría estar provocando la deficiencia de vitaminas y minerales. Existen vitaminas y minerales que tienen funciones importantes en el metabolismo de energía ya que intervienen en la producción de energía de nuestro cuerpo, así como el gasto energético, y combate a la oxidación e inflamación del cuerpo humano, como son el zinc, las vitaminas A, C, D y E. El consumo deficiente de estos micronutrientes pudiera aumentar la acumulación de grasa en el individuo y contribuir al desarrollo de obesidad. Inclusive se ha observado que puede aumentar el riesgo de otros padecimientos asociados con la obesidad como diabetes y enfermedades del corazón, como infarto agudo al miocardio. Por otro lado, las personas con obesidad tienen, por lo general una alimentación alta en calorías vacías y pueden llegar a tener un bajo consumo de vitaminas y minerales.

Deficiencia de vitamina B1 (tiamina)

La tiamina actúa como coenzima en una amplia variedad de intrincadas vías bioquímicas, por lo que es vital para el correcto funcionamiento de tejidos y órganos. La deficiencia de esta vitamina esencial puede provocar graves trastornos metabólicos que causan manifestaciones cardiovasculares y neurológicas. La tiamina no se almacena en grandes cantidades en ningún tejido, y puede agotarse en pocas semanas. Las fuentes dietéticas de tiamina incluyen sólo cantidades limitadas en una variedad de productos animales y vegetales, y sólo es abundante en un pequeño número de alimentos como: levadura, cereales integrales, carne de vacuno, carne magra de cerdo y legumbres (judías y guisantes). Los pacientes con obesidad mórbida tienen hábitos alimentarios mal controlados que son ricos en calorías y carbohidratos refinados; también suelen usar/abusar de diuréticos (ya sea para reducir peso o para el tratamiento de comorbilidades), y por lo tanto están sujetos a una deficiencia superpuesta de tiamina. Un estudio que publicamos en 2005 indicó que de 303 pacientes consecutivos con obesidad mórbida que tenían programada una cirugía de reducción de peso, 47 pacientes (15,5%) presentaban niveles bajos de tiamina preoperatoria.

Deficiencia de vitamina B12 (cobalamina)

La vitamina B12 desempeña un papel importante en la síntesis del ADN y en la función neurológica; su deficiencia puede provocar un amplio espectro de trastornos hematológicos y neuropsiquiátricos. La deficiencia combinada de vitamina B12 y folato produce hiperhomocisteinemia, que es un factor de riesgo independiente de enfermedad aterosclerótica. Se desconoce la prevalencia real de la deficiencia de vitamina B12 en la población general. Sin embargo, la incidencia parece aumentar con la edad. La vitamina B12 está presente en diversos alimentos como el pescado, el marisco, las carnes y los productos lácteos. Las reservas de vitamina B12 del cuerpo humano pueden durar años; por lo tanto, la deficiencia nutricional puede aparecer muchos años después de un aporte inadecuado de esta vitamina.

Un estudio descriptivo prospectivo que se llevó a cabo en la Unidad de Endocrinología Pediátrica y Diabetes del Centro Médico Sheba, Israel, evaluó si los niños y adolescentes con sobrepeso presentan un mayor riesgo de deficiencia de vitamina B12. Se incluyeron en el estudio 392 niños y adolescentes. El estudio reveló que se observaron concentraciones bajas de vitamina B12 en el 10,4% de los niños obesos, en comparación con sólo el 2,2% del grupo de peso normal, una diferencia que fue estadísticamente significativa.

Deficiencia de vitamina D, hiperparatiroidismo y calcio

El examen de 25-hidroxi vitamina D es la forma más exacta de medir cuánta vitamina D hay en el cuerpo. La vitamina D ayuda a controlar los niveles de calcio y fosfato en el cuerpo. Un estudio se observó que los niveles de 25(OH)D se correlacionaban significativa y negativamente con la masa corporal, estos niveles no se asociaban con reducciones del calcio o el fósforo séricos, disfunción hepática o renal, y no se correlacionaban significativamente con la edad de los pacientes, lo que indicaba que la obesidad era un factor de riesgo de deficiencia de vitamina D. Otros estudios apoyan los hallazgos de que los niveles de paratohormona (PTH), hormona que regula el calcio, se correlacionan negativamente con los niveles de 25(OH)D, y tienen una asociación positiva con el aumento del IMC. Se encontraron niveles bajos de 25(OH)D, que representan una deficiencia funcional de vitamina D, y niveles elevados de paratohormona (PTH) en hasta el 68% y el 48% de los pacientes, respectivamente. Estas alteraciones del metabolismo de la vitamina D eran más frecuentes en pacientes afroamericanos obesos. Se han considerado varios factores como posibles contribuyentes a estas alteraciones; algunos autores especularon que las personas con obesidad mórbida pasan menos tiempo al aire libre y, por lo tanto, están menos expuestas a la luz solar, pero aún se desconoce el mecanismo exacto de estas anomalías. Parece que los efectos de la adiposidad y la raza sobre el estado de la vitamina D son independientes de la ingesta alimentaria, el estatus socioeconómico, el sexo, la edad y la estación del año. Se necesitan estudios adicionales para determinar los factores que contribuyen a la deficiencia de vitamina D en los obesos mórbidos y estudiar el papel de la suplementación nutricional en estos pacientes para prevenir posibles complicaciones esqueléticas a largo plazo.

Vitaminas A y E

Un amplio estudio sobre las concentraciones séricas de estos nutrientes en niños obesos y no obesos realizado en EE.UU. reveló que los niveles séricos de alfa-tocoferol y beta-caroteno eran significativamente más bajos en los niños obesos que en los de peso normal. Aproximadamente el 50% de los niños obesos tenían niveles séricos de betacaroteno (vitamina A) y alfa-tocoferol ajustados en el cuartil más bajo, en comparación con aproximadamente el 25% de los niños de peso normal. Al evaluar la concentración sérica de estos nutrientes en adolescentes de entre 12 y 17 años, los afroamericanos mostraron concentraciones significativamente más bajas de alfa-tocoferol en comparación con los caucásicos. Los participantes obesos tenían concentraciones séricas significativamente más bajas de estos nutrientes en comparación con los participantes de peso normal, y en este estudio los investigadores indicaron que la diferencia se debía probablemente a una ingesta dietética inadecuada.

En un estudio sobre población adulta, las concentraciones séricas de betacaroteno se asociaron positivamente con las concentraciones séricas de colesterol, la ingesta de fibra dietética y la ingesta de betacaroteno, y negativamente con el tabaquismo y la obesidad (que se midió mediante el IMC, el porcentaje de grasa corporal, la relación cintura-cadera y el perímetro de la cintura). La concentración sérica de alfa-tocoferol se correlacionó positivamente con el colesterol sérico, la obesidad y la ingesta de vitamina E. 

Otro estudio demostró que, antes de la cirugía bariátrica, se encontraron valores anormales de vitamina A y deficiencia en el 11% y el 7% de los pacientes con obesidad mórbida, respectivamente, y que ambos empeoraron después de la cirugía.

Se considera que las vitaminas A y E desempeñan un papel importante en la protección de las lipoproteínas de baja densidad (LDL) frente a la oxidación, reconocida como un paso inicial en el desarrollo de la aterosclerosis. Los bajos niveles séricos de carotenoides (vitamina A) y alfa-tocoferol también se han relacionado con el aumento del estrés oxidativo, la resistencia a la insulina, la alteración del metabolismo de la glucosa, los cánceres y la degeneración macular asociada a la edad, todos ellos comúnmente asociados a la obesidad mórbida.

La vitamina C

La vitamina C es un antioxidante y un cofactor para diversas reacciones bioquímicas, y actúa como donante de electrones para diferentes enzimas. Otras posibles funciones de la vitamina C en el organismo son su papel en la regulación de la síntesis endógena de colesterol, las enfermedades cardiovasculares y su papel protector frente al resfriado común, entre otras. Se sugirió que un nivel bajo de ácido ascórbico en plasma está asociado a una presión diastólica elevada. La deficiencia de vitamina C conduce al escorbuto. El cuerpo humano no puede almacenar vitamina C, por lo que pronto se agota si no se consumen suministros frescos en la dieta. Entre los hombres de 19 a 64,9 años (pero no entre los de 65 años o más) y las mujeres mayores de 19 años, el aumento del IMC se asoció con niveles bajos de vitamina C. La vitamina C es el suplemento nutricional más consumido y está disponible en diversas formas, como comprimidos y zumos de frutas. Se absorbe en el intestino a través de un canal dependiente de iones de sodio y está parcialmente regulada por la glucosa. La presencia de grandes cantidades de glucosa/azúcar en los intestinos o en la sangre puede retrasar su absorción.

Referencias:

  • Kaidar-Person, O., Person, B., Szomstein, S., & Rosenthal, R. J. (2008). Nutritional deficiencies in morbidly obese patients: a new form of malnutrition? Part A: vitamins. Obesity surgery18(7), 870–876. https://doi.org/10.1007/s11695-007-9349-y
  • https://www.shebaonline.org/

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