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Resistencia a la Insulina

Resistencia a la insulina

Una de las principales funciones de la insulina es transportar la glucosa del torrente sanguíneo a las células para que pueda utilizarse como fuente de energía. Cuando la glucosa en sangre disminuye, disminuye tambien (en un estado normal) la insulina, este hecho permite quemar grasa en la reducción de peso. Si padece resistencia a la insulina, sus células ya no serán sensibles a ella lo que genera un exceso de insulina en la sangre y esto da hambre, estanca la reducción de peso y es inflamatorio.

En la resistencia a la insulina, las cantidades normales de insulina no son capaces de transportar la glucosa a las células, lo que, por lo general, provoca una acumulación de glucosa en la sangre. Para compensar, el cuerpo debe producir insulina extra para forzar la entrada de glucosa. Esto conduce a unos niveles de insulina elevados y constantes, que bloquean la quema de grasas.

A las personas delgadas que quieren subir de peso, si se les inyecta insulina permanentemente, subirán de peso. Por tal motivo en el sobrepeso uno de los objetivos principales es el de manetener la insulina baja.

Pero ¿qué es lo que provoca la resistencia a la insulina?

La resistencia a la insulina se desarrolla debido al constante consumo de carbohidratos, por largo tiempo, generando insulina alta de manera permanente. Normalmente debemos generar insulina 2 – 3 veces al día, en lapsos cortos de tiempo, en las comidas principales.

La raíz del problema son los niveles constantemente elevados de insulina, lo que crea un círculo vicioso: el exceso de insulina crea resistencia, la resistencia a la insulina desencadena niveles más altos de insulina y ésta, a su vez, sirve para estimular más resistencia. La forma de romper con éxito el ciclo de resistencia a la insulina no consiste en aumentar continuamente los niveles de insulina, sino en reducirlos drásticamente, reduciendo los carbohidratos de la alimentación principalmente.

Si no somos capaces de romper el ciclo de resistencia a la insulina, los niveles de insulina se mantienen altos. Esto bloquea nuestra capacidad de quemar la grasa corporal que tan cuidadosamente hemos almacenado. Nuestro cuerpo recibe constantemente la señal de almacenar energía en forma de grasa y nunca se le dice que la queme. La insulina desempeña un papel crucial en la decisión de qué combustible quemar.

Insulina Alta + Calorías Reducidas = Metabolismo lento

Recuerde que el consejo tradicional de “comer menos y moverse más” para perder peso se basa en el modelo monocompartimental, la idea (¡incorrecta!) de que todas las calorías son iguales y se almacenan en un único compartimento, por lo que si utiliza más calorías de las que consume, debe estar quemando grasa corporal. En realidad, el cuerpo almacena energía tanto en forma de glucógeno como de grasa corporal: ese es el modelo de los dos compartimentos. Para quemar grasa, deben ocurrir dos cosas: debe quemar la mayor parte del glucógeno almacenado y los niveles de insulina deben descender lo suficiente como para liberar las reservas de grasa. Cuando el glucógeno almacenado baja, el cuerpo lo nota y empieza a preocuparse. Esto desencadena señales de hambre, por lo que quieres comer más. Si no se come lo suficiente para llenar las reservas de glucógeno, pero la insulina se mantiene alta, la grasa corporal no puede liberarse. La única opción que le queda al cuerpo es reducir el metabolismo para quemar menos energía.

El cuerpo siempre quiere mantenerse en un peso determinado, y cualquier desviación por encima o por debajo de ese peso desencadena mecanismos de adaptación para que volvamos a ese peso. Por eso, después de perder peso, nos volvemos más hambrientos y nuestro metabolismo se ralentiza implacablemente, de modo que tenemos que comer aún menos sólo para mantener nuestro peso más bajo. Ese es el cuerpo tratando de hacernos ganar peso para volver a nuestro peso establecido.

La razón por la que el cuerpo tiene que recurrir a la disminución del metabolismo y al aumento del hambre es porque la insulina se mantiene alta, por lo que no tiene acceso a la energía almacenada en forma de grasa. El cuerpo no tiene otra opción que ralentizar el metabolismo. Esta es la razón por la que la resistencia a la insulina desempeña un papel tan crucial en la obesidad: los altos niveles de insulina le dicen a su cuerpo que se aferre a la grasa corporal y, simultáneamente, desencadenan que el cuerpo reduzca su metabolismo. El peso corporal se estanca y luego vuelve a subir, aunque se mantenga la dieta adecuada. Para algunos de nosotros, cambiar lo que comemos no es suficiente. La insulina es el factor crucial a tener en cuenta aquí, no el número de calorías que se ingieren. Fung J. & Moore J. (2016).

Consulte su nutricionista para equilibrar la alimentación, ayudar a reducir la insulina y mejorar su salud.

Consultas: +51 975342724

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